Equidad de género en las empresas

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Las empresas son parte activa de la sociedad: así como expresan los problemas sociales, pueden contribuir a su solución.

 

 

En lo que respecta a Chile, el Ranking Global de igualdad de género elaborado por el Foro Económico Mundial (2017), sitúa a Chile en el lugar 87 de la clasificación, mientras que en 2012 ocupó el lugar 70. Los dos factores que más incidieron en la caída del país, fueron la baja presencia femenina en cargos relevantes en el ámbito gerencial y en la actividad política y la brecha salarial entre hombres y mujeres: los hombres muestran un ingreso per cápita estimado que dobla al de las mujeres (US$ 29.223 anuales frente a US$ 15.107, según el organismo). En cuanto al subíndice relacionado con la participación en la economía y las oportunidades para las mujeres, Chile se ubica en el sitio 110. Sólo supera a El Salvador, México y varios países islámicos.

En tiempos de cambios demográficos, económicos y sociales en Chile, como también a un escenario internacional en que la igualdad de género constituye cada vez más un estándar valorado y en algunos casos exigido a partir de tratados, acuerdos comerciales y de cooperación que rigen el mundo globalizado en el que Chile profundiza su participación, el sector privado juega un rol clave en la creación de condiciones igualitarias para hombres y mujeres, que son críticas para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Atendiendo a esta realidad, el Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM), ha venido realizando a través del Programa de Buenas Prácticas Laborales y en alianza con organismos de diversos sectores, una serie de actividades de difusión del Sistema de Gestión de Igualdad de Género y Conciliación de la vida familiar, laboral y personal -en adelante SIGIGC- certificable bajo la Norma chilena “NCh3262-2012 Sistemas de gestión. Gestión de igualdad de género y conciliación de la vida laboral, familiar y personal”, la cual fue desarrollada en conjunto con el Instituto Nacional de Normalización (INN), y aprobada por el Consejo de ese organismo en febrero de 2012.

Dichos programas vienen dirigidos desde el propio Programa Nacional de Naciones Unidas, y desde el año 2009 hasta la fecha, ya son más de 10 países de la Región que actualmente contemplan o trabajan en este tipo de certificación. Un nuevo enfoque en la cultura de trabajo, que reconozca a hombres y mujeres como sujetos integrales, con los mismos derechos a desarrollarse en el espacio laboral, familiar y personal y potencialidades de contribuir a la producción de bienes y servicios no sólo es un deber ético y legal; estas prácticas son un factor relevante de optimización de recursos, de innovación, flexibilidad, competitividad y sustentabilidad de las organizaciones modernas.

Por Paloma NORAMBUENA.

 

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